Una lectura de Mañana flor, de Sharon Olazaval
Lo que parece una pequeña avería doméstica termina por alterar el refugio, la voz, y el cuerpo entero de Amelia, en Mañana flor, bajo la dirección de Ramiro Urbina. La cocina que ella costea por convicción, como el contenedor de una popular muñeca creada en los cincuenta, se vuelve un lugar amenazado por una filtración que ninguna taza consigue rebalsar. Quizás, el mismo teatro pudo ser la caja que la alberga, frente a los sonidos de máquinas como ametralladoras en titulares explosivos, que van saliendo de su delantal para secarse en cordeles.

Mañana Flor. Daniela Barragán. Foto Jorge Vinueza
La fuerza de la prosa poética de esta pieza reside en que, las imágenes no permanecen encerradas en el discurso sino que tienen consecuencias materiales. El goteo también presente en el personaje, obliga a escuchar, desplomarse, recogerse, vaciarse y volver. La metáfora adquiere así una dimensión escénica y la angustia encuentra una forma visible sin quedar reducida a una explicación. Al tiempo que Amelia ya no se relaja con un arroz con leche o con una torta de piña que está de cabeza, casi como ella.
El origen de la obra nace de experiencias de ansiedad (como cuenta el material promocional de la pieza y las intervenciones de la actriz, Daniela Barragán, en el foro tras su estreno). Sin embargo, se recalca en el texto que acompaña la obra que su propósito va más allá de esa vivencia, se plantea transformarla “en una pregunta sobre la memoria, el cuerpo, la herencia emocional, las heridas y la posibilidad de sanar”. El conflicto no llega desde un mundo ajeno; aparece dentro del lugar que Amelia reconoce como propio, “porque algo la ahorca sin quitarle la vida”. El recuerdo de la bisabuela y los siete nombres de la abuela introducen una memoria que se conserva tanto en las palabras como en los hábitos y que se impregna en las paredes de la cocina que atesora como un sinsentido, que se va llenando de agua y hojas.
“Si intentamos disfrazar el verso y hacer que suene a prosa, le estaremos restando parte de su poder y de su belleza” (Berry, p. 176), en Mañana flor la prosa poética de Sharon Olazaval sostiene la fuerza del discurso en su delicadeza, permite que sus imágenes se vuelvan acciones para que Amelia desborde su posibilidad de control, gota a gota, incluso en caminatas “bajo la lluvia cuando no llueve”.

Mañana Flor. Daniela Barragán. foto Jorge Vinueza
La poesía que aterriza en el cuerpo puede entenderse aquí como la relación necesaria entre imagen, palabra y acción. Amelia no ilustra desde afuera su estado emocional, ni se anticipa para explicarlo. Es parte de su construcción, por el desgaste de sus recursos para detener el desbordamiento del agua, mientras los monstruos “la devoran por las noches” y desean “ver su sangre por fuera”, tendida en el piso, finalmente derrotada. Sin embargo, la oba cierra con dulzura, el tiempo pasa para ella también y finalmente le ofrece el olor de la lavanda.
Ficha técnica, Actriz
Ramiro Urbina, Director
Sharon Olazával, Dramaturga
Tamiana Naranjo, Diseño escénico y coreografía
Oswalda Bonilla y Natalia Obando, Escenografía
Juana Arias, Vestuario y utilería
Ana Paula Román, Bordado
Hernán Reyes, Iluminación
Juan Diego Illescas, Sonido y música
Lisa María Barragán, Voz de la canción «Amelia»
Jorge Vinueza, Fotografía
Zoe Barragán, Diseño gráfico e ilustración del afiche
Fuente: Berry, C., (2015). Texto en acción. España: Fundamentos
Carmen Elena Jijón: Cuenta con estudios en Literatura, Educación, Gestión Cultural y un doctorado en Artes: Investigación y Producción, otorgado por la Universidad Politécnica de Valencia, centrado en teatro y dramaturgia.
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